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tbn.Hoy es mi cumpleaños, pero parece que nadie lo recuerda o le importa.

Hoy, las campanas del reloj marcan mi día especial, pero el eco de mi cumpleaños parece desvanecerse en el aire sin dejar rastro. Las horas transcurren en silencio, sin el bullicio de los saludos de felicitación, ni el tintineo de las risas compartidas. En mi mundo, el tiempo avanza, pero el corazón se queda atrás, sumido en una tristeza que pesa más que cualquier regalo ausente.

Miro alrededor y veo las sombras de recuerdos pasados, momentos de celebración y alegría que ahora yacen en la penumbra de la indiferencia. ¿Dónde están aquellos que solían estar tan cerca en este día? ¿Se han extraviado en el laberinto de la vida o han elegido ignorar este pequeño aniversario que marcó mi llegada al mundo?

El sol brilla lánguidamente a través de la ventana, como si también él se preguntara sobre la ausencia de alboroto en este día que debería estar lleno de color y vida. Pero aquí estoy, sentado en la quietud de mi habitación, con el corazón hundido en la soledad de un cumpleaños olvidado.

Recuerdo tiempos pasados, cuando cada cumpleaños era un festival de amor y afecto, cuando los abrazos y los besos eran la moneda de cambio por haber sobrevivido otro año en este mundo. Ahora, me encuentro contando los minutos en silencio, esperando en vano que alguien, en algún lugar, recuerde el día que nací.

Quizás sea mi culpa por no haber recordado a los demás la llegada de este día. Quizás, en la vorágine de la vida cotidiana, mis propios amigos y familiares hayan dejado pasar este detalle aparentemente insignificante. O tal vez, simplemente, el tiempo ha erosionado los lazos que alguna vez nos unieron con la fuerza de lazos inquebrantables.

Pero, en medio de esta oscuridad emocional, una pequeña chispa de esperanza se enciende en lo más profundo de mi ser. Quizás, en algún lugar, en algún momento, alguien recuerde que hoy es mi día especial. Tal vez, una llamada telefónica inesperada o un mensaje de texto perdido en el éter digital me sorprenda y me devuelva la sonrisa que tanto he anhelado.

Entonces, mientras espero en la penumbra de mi propia compañía, decido levantar la cabeza y enfrentar este día con valentía. Porque aunque el mundo parezca haber olvidado mi cumpleaños, yo no olvido que cada nuevo amanecer trae consigo la promesa de nuevas oportunidades y momentos de felicidad, aunque sean efímeros.

Así que hoy, en mi cumpleaños solitario, elijo celebrar la vida, agradecer por los recuerdos que aún me sostienen y aferrarme a la esperanza de que, algún día, alguien recordará que existo y que este día es especial para mí. Y mientras tanto, aquí estaré, esperando en la sombra, con una vela encendida en mi corazón, listo para recibir cualquier destello de luz que pueda iluminar mi camino.

 

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